El pasado 21 de marzo, RTVE
emitió un documental en Comando Actualidad sobre la situación en que se
encuentra un amplísimo porcentaje de la población activa de nuestro país,
concretamente un 25%: la sobre
educación. Se ponen los pelos de punta si nos metemos en la piel de estos
jóvenes , sobradamente preparados,
con carreras varias , tanto de letras como de ciencias: derecho, arquitectura,
ingenieros de telecomunicaciones…etc., a los que la necesidad de subsistencia les empuja a aceptar cualquier tipo de trabajo por debajo de sus niveles de preparación.
El documental me hizo reflexionar
y relacionar la información con otra que tenía en mis manos y a la que quería
dedicar un post: la discriminación salarial.
En España, las diferencias salariales entre los titulados en educación
terciaria (universidades y ciclos de grado superior) y los graduados en segunda etapa de
secundaria es del 32%, mientras que
en el resto de países de la OCDE es del 51%. Ello ha provocado una disminución
de un 6% de universitarios en el periodo 2001-2007. Total, si no es
directamente proporcional el aumento salarial con el sacrificio al que se liga, ¿para qué estudiar?
El último dato significativo que
podemos adjuntar es que el 35% de
los jóvenes españoles no tienen Bachillerato o título de FP, lo que nos separa
15 puntos de la media europea.
Si estos datos los mezclamos en
la coctelera del mercado laboral español
nos sale un mejunje bastante agriado por el intrusismo profesional y la
falta de formación. Me duele especialmente que los sectores que acogen a estos
individuos, los que se consideran “trabajos de baja cualificación”, son
aquellos pertenecientes al sector terciario, especialmente ligados a actividades de ocio y a la hostelería (así le
va a la gallina). Y aquí es donde yo no entiendo nada de nada y me planteo
varias cuestiones.
Primera cuestión: Si observamos la
evolución económica de los países desarrollados, éstos han dejado de ser países
industriales para dedicarse al sector servicios e información. Por tanto, ¿cómo
es posible que la principal fuente de ingresos de un país no cuente con
profesionales? ; además, me pregunto qué será de los alumnos que he ido
dejando atrás. Jóvenes ilusionados que han tenido clara su vocación y han
decidido dedicar sus esfuerzos y logros al sector, ¿estarán siendo valorados?
Segunda cuestión: ¿Por qué los
estudios tienen que estar siempre vinculados al sacrificio?
Tercera cuestión: Sobradamente
preparados ¿para qué mundo, para éste? ¿Realmente están sobradamente
preparados? Evidentemente, para el sector en el que se encuentran, no.
Cuarta cuestión y quizás la que
más miedo da: ¿Está el sistema educativo y la sociedad española preparada
para esta nueva realidad en que nos
movemos?
Aquellos que queráis profundizar sobre la situación laboral de los jóvenes de España, os interesará OBJOVEM

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